Sinopsis:
Mika tiene siete años y sabe cosas que los mayores han olvidado.
Sabe que hay preguntas que no se contestan con palabras. Que hay silencios que dicen mucho más de lo que callan. Y que algunos lugares guardan algo que no se ve. Pero, sobre todo, Mika sabe mirar como le ha enseñado su abuelo. A su lado, aprende a escuchar lo invisible, a nombrar lo que no se dice y a entender que hay vínculos que no se rompen.
Mientras los adultos intentan ordenar sus vidas, entre la niña y el anciano crece un lenguaje propio, hecho de gestos y de secretos compartidos. De magia. De árboles, de bosque. De vida.
Hay historias que no hablan de lo que pasa, sino de lo que permanece. Y hay cosas que, aunque no las veamos, siguen ahí..
Volver a leer a Alejandro Palomas, es, precisamente, como volver a Casa. Sabes que vas a reconocer su voz, que algunos rincones te resultarán familiares y que, probablemente, vas a encontrarte con personajes que acabarán quedándose contigo mucho tiempo y así ha sido con Casa, que me ha gustado mucho.
Esta vez Alejandro Palomas nos presenta a Mika, una niña de siete años que observa el mundo con esa mezcla de inocencia, curiosidad y lógica aplastante que tienen los niños cuando todavía no han aprendido que hay preguntas que los adultos preferimos esquivar. Mika pregunta, pregunta muchísimo y sin ningún tipo de filtro, razona a su manera y une ideas y conceptos llegando a conclusiones que, oye, tienen bastante más sentido del que a veces nos gustaría admitir.
No sé hasta qué punto una niña de siete años hablaría, pensaría o hilaría algunas cosas exactamente como lo hace Mika, pero la verdad es que me ha dado bastante igual porque me ha encantado escucharla. Su manera de ver el mundo es uno de los grandes aciertos de la novela, sobre todo cuando mantiene charlas que no tienen desperdicio con sus compañeros del colegio Martín y Laura. (¡Ojo con Martín y su su obsesión con los autónomos!)
Pero el corazón de este libro, está en la maravillosa relación de Mika con su abuelo Tadeo. Con él Mika aprenderá a ver, a sentir, a escuchar incluso lo que no se dice en voz alta, a tener paciencia, a entender que cada cosa lleva su tiempo y que a veces, aunque nuestras intenciones sean las mejores, no está en nuestra mano cambiar las cosas. Tadeo está preparando a Mika para la vida y eso ha sido precioso.
También es muy bonita la relación de Mika con su padre, sobre todo ahora que está separado de su madre. Como siempre, Alejandro vuelve a hablarnos de la familia, de separaciones, de pérdidas, del duelo, de esas cosas que a veces cuesta tanto explicar, sobre todo cuando todavía hay dolor, pero como siempre todo lo adereza con ese sentido de humor que consigue sacarnos siempre una sonrisa, cuando no, una carcajada.
No me puedo olvidar de mencionar al bosque, otro de los protagonistas de este libro. Un bosque que no está, pero que estuvo y que, quizá, volverá a estar. Un bosque que es memoria, pasado, presente y futuro, un futuro que requiere paciencia y fe. El respeto por la naturaleza es máximo en esta novela, al igual que el amor por los animales que en esta historia son tratados con el máximo cariño (in love con Rolo 🐶 y Frida🦊).
La verdad es que Casa es un libro breve que podrías devorar en una tarde, pero de verdad que vale la pena, disfrutar con calma del gusto y la sensibilidad de Alejandro Palomas y adentrarte en esta historia que nos habla del amor, de la familia, del valor de las cosas pequeñas y aprender que Casa puede ser algo más que el lugar donde vives.
… un trauma es como un secreto, pero peor, porque es más viejo y sufres.
Oír es captar lo que los demás quieren decirnos y también lo que no se atreven a decir. Por eso, muchas veces, lo que menos importa es la voz. Importa la atención, sobre todo la atención.
¿Sabes por qué mucha gente nunca va a los refugios de animales? […] porque saben que, en cuanto vean a uno y le pongan un nombre, no podrán abandonarlo. No van porque tienen miedo de querer llevárselos a todos.
El único secreto de saber mirar es conseguir que lo que ves no te impida descubrir lo que no se ve.

















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