Han cantado bingo (Lana Corujo)

⭐⭐⭐1/2

Sinopsis:

Todo empieza con un juego: algunas noches, en los diez minutos suspendidos antes de que Abuela regrese del bingo, dos hermanas salen a escondidas por la puerta de atrás hasta El Ahorcado ―un volcán redondo como una panza bocarriba―, cuentan hasta tres y corren de vuelta sin mirar atrás. Sin embargo, una noche algo cambia… porque una vez traspasado el terreno de una infancia violenta, ¿cómo se mira el mundo?

En un cartón de bingo aparecen quince números ―los mismos que las edades de la protagonista a lo largo de la novela, presentes como una mosca o una mariposa revoloteando sobre el título de cada capítulo―, y en esos diez minutos suspendidos que dura una partida, todo es posible. Han cantado bingo presenta una familia con un don que se hereda y se sufre, y una historia agreste como el rofe grueso de Lanzarote. Con un lenguaje juguetón y cautivador, cruel y bellísimo, Lana Corujo nos acerca a los silencios y la culpa, las verbenas, las heridas y la magia oscura que solo se teje entre dos hermanas que comparten un secreto.

“Han cantado bingo” es una historia bonita, delicada, habla del duelo por la pérdida de una hermana y de cómo esa ausencia atraviesa a toda la familia, pero sobre todo a esa hermana que se queda sola (y a la vez no). En ese sentido encontramos momentos emotivos y bien logrados, pero dicho esto, reconozco que no ha sido un libro para mí. 

Me costó bastante ubicarme, me parecía confusa y tardé en entender que los números de cada capítulo, que al principio me parecían al azar correspondían a la edad de la protagonista en diferentes momentos de su vida. La historia no sigue un orden lineal, sino que va constantemente hacia adelante y hacia atrás sin más guía que esa.

Además, el estilo de la autora es lo más parecido a leer poesía escrita en prosa que me he encontrado y, aunque innegablemente es bonito y cuidado, y la novela interesante, emotiva y a veces dolorosa, creo que no ha sido un libro para mí, aunque sé que a la mayoría de los lectores les ha encandilado 🤷🏼‍♀️

Pienso en el espacio que existe entre la luz y lo oscuro. Ahí estoy yo. Pero apenas nadie se da cuenta.

No hay animal más peligroso que el que está herido.

La palabra "muerte" me sabe a los bombones de licor que tomas cuando los confundes con los de leche. Esos bombones y la muerte deberían ser solo para los adultos. Por eso la palabra me ocupa toda la boca con incomodidad.

Existe "huérfana" para nombrar la pérdida de los padres, pero ninguna para nombrar lo que es perder a una hermana. Cuando el lenguaje no alcanza, nace la rabia, pero estoy aprendiendo, igual que ellos.

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