Sinopsis:
Cuando Remy Wadia dejó la India para poner rumbo a Estados Unidos, se llevó consigo la herida abierta de una madre fría e inescrutable, y desde entonces ha mantenido la distancia.
Años más tarde, regresa a Bombay con la intención de adoptar un bebé y de reencontrarse con su anciana madre antes de que sea demasiado tarde. Está hospitalizada, ha dejado de hablar y parece haber renunciado a la vida.
Atrapado por la culpa de no haber percibido la gravedad de su estado, Remy se entrega a la tarea de ayudarla a recuperarse y volver a casa. Pero un día encuentra una vieja fotografía que exige respuestas.
A medida que un secreto familiar sale a la luz, y justo cuando está a punto de cruzar el umbral de la paternidad, Remy se ve obligado a enfrentarse a su propia infancia y a replantear el lazo que lo une a su familia.
¿Será capaz de perdonar las fragilidades de quienes lo rodean, o seguirá anclado en la tristeza y el dolor que le causaron las decisiones de sus padres?
¡Qué historia tan bonita se esconde entre estas páginas! Dura, humana, de las que te van removiendo por dentro, escrita con sensibilidad, con una prosa muy cuidada que fluye con elegancia y te mantiene atrapado dentro de sus páginas.
Lo que empieza pareciendo un viaje de vuelta a las raíces de Remy para llevar a cabo una adopción, acaba convirtiéndose en una inmersión profunda en las heridas de una familia. Me ha gustado mucho como la autora nos va llevando de la mano por la historia de la familia de Remy. Entras en el libro con una idea clara sobre los personajes y sus roles (quién es el bueno, quién es el "cruel"), pero a medida que vamos descubriendo los secretos del pasado y la realidad de la India, nuestra perspectiva va cambiando poco a poco. Nada es tan simple como parece al principio, y poco a poco vas entendiendo las decisiones, los silencios y las heridas. Entiendes, simplemente, que nadie es perfecto.
La novela habla de relaciones familiares, de las marcas que deja la infancia, del amor en todas sus formas y también del dolor que a veces va unido a él, habla de perdón, de resiliencia y de ese lazo que hay entre padres e hijos, a veces muy fuerte y a veces no tanto. Hay momentos realmente duros, pero también otros muy luminosos, y ese equilibrio la hace aún más especial. Además, el contexto cultural añade mucha riqueza y profundidad a la historia.
Es una de esas lecturas conmovedoras que te hacen reflexionar, que te dejan una sensación maravillosa en el cuerpo cuando la has terminado y que, obviamente, me ha gustado mucho.
Adoptar a un niño parsi era como ganar la lotería. La tasa de mortalidad de su pequeña y cerrada comunidad era más alta que la de natalidad, y por ello se hallaban en peligro de extinción, con menos de cien mil miembros en todo el mundo. Encontrar un niño procedente de aquella comunidad acomodada y educada era un milagro.
La India siempre acababa decepcionándote. A menudo pensaba en Bombay como un museo de los fracasos, una galería llena de sueños frustrados y promesas rotas. Los formularios burocráticos merecían por sí solos su propia sala de exposición.






























