Sinopsis:
El 24 de noviembre de 1971, D.B. Cooper secuestró, con una falsa amenaza de bomba, el vuelo 305 de Portland a Seattle. Tras cobrar un rescate de 200.000 dólares se lanzó en paracaídas desde la parte trasera del avión y desapareció en la oscuridad de la noche sin dejar rastro.
Cincuenta años después, el agente Pendergast se hace cargo de un extraño y espantoso caso: en la ciudad de Savannah han aparecido los cuerpos sin vida de varias personas sin una sola gota de sangre en las venas. Una serie de crímenes que ha recordado las historias sobre el infame vampiro de Savannah, una ciudad «maldita» y rodeada de misterio, conocida por sus casas encantadas y sus historias espeluznantes.
Mientras otros cuerpos sin vida y vaciados de sangre aparecen en la ciudad, un equipo de rodaje graba un episodio para una nueva serie documental de Netflix y un senador preocupado por su reelección presiona al FBI para que resuelva la situación lo antes posible.
Pendergast junto con el agente Coldmoon, investigan si los crímenes tienen relación con el único secuestro sin resolver en la historia de la aviación norteamericana. Juntos no solo descubrirán la respuesta sino un mal sobrenatural más allá de todo lo imaginable..
Serie Pendergast 20
Cada vez me da más pereza ponerme con la serie “Pendergast”, pero es que después de haberme gastado el dinero en más de 20 libros (este precisamente es la entrega nº 20), me niego ahora a dejarla colgada. Me costó decidirme a leer este libro, porque el anterior fue insufrible y de lo peor que leí el año pasado, así que esta novela lo tenía fácil para ser algo mejor y de hecho lo es, pero tampoco es que la cosa haya sido para lanzar cohetes.
La novela arranca con unos asesinatos muy peculiares —alguien drena toda la sangre de las víctimas— y traslada la acción a Savannah, donde se cruzan políticos, investigadores, cazadores de fantasmas y hasta ecos de un antiguo secuestro aéreo que recuerda al caso de D. B. Cooper (basado en un hecho real).
La primera parte me resultó bastante entretenida e incluso llega a recordar a los primeros libros de la serie: misterio, intriga y un Pendergast que parece ir siempre un paso por delante, demasiado, diría yo.
El problema llega en la recta final. La historia que tiene ese tono habitual de thriller con toques sobrenaturales, en el último tramo se mete en un terreno que a mí se me hizo demasiado exagerado, una auténtica ida de olla que me dejó un poco descolocada, aunque no sé de qué me extraño. Todo es posible en el universo Pendergast.
En todo caso, el libro entretiene y por supuesto te deja con ganas de empezar la siguiente entrega, que desde luego leeré porque ya la tengo en casa, pero no antes de que publiquen la número 22 y cruzo los dedos para que sea el último, cosa que probablemente no se cumplirá.
La información es como la electricidad: produce la luz que nos permite ver el camino.
Cuidado con el perro que no ladra y con el hombre que no habla.
Siempre hay una solución conocida para todos los problemas humanos: clara, plausible y errónea.
El universo no solo es más extraño de lo que suponemos. Es más extraño de lo que podemos suponer.


























