Sinopsis:
A Cassie Greenberg le encanta ser artista, pero le resulta difícil ganarse la vida. Al borde del desahucio, se desespera cuando encuentra un apartamento demasiado bueno para ser verdad en un precioso barrio de Chicago. Cassie sabe que tiene que haber gato encerrado: solo alguien con un secreto que ocultar alquilaría una habitación por ese precio.
Por supuesto, su nuevo compañero de piso, Frederick J. Fitzwilliam, dista mucho de ser normal. Duerme todo el día, sale por la noche por negocios y habla como si hubiera salido de una novela romántica de la Regencia. También le deja a Cassie notas conmovedoras por todo el apartamento, se preocupa por su arte y le pregunta cómo le ha ido el día. Y no está nada mal sin camiseta, en las raras ocasiones en que ambos están en casa y despiertos. Pero cuando Cassie encuentra bolsas de sangre en la nevera que no estaban allí antes, Frederick tiene que confesar...
El nuevo y sexy compañero de piso de Cassie es un vampiro. Y tiene una proposición para ella.
Este es un libro que no habría leído nunca si no fuera porque cada mes leo una novela con dos amigas y entre que a una le gustan los vampiros y la otra me dijo que le apetecía una comedia, intenté buscar algo que combinara ambas cosas, así que este libro me pareció una buena solución y además tenía bastantes buenas reseñas. Aún no nos hemos reunido para hablar de él, pero sospecho que al menos una de ellas estará de acuerdo conmigo en que puede ser de las lecturas más flojas que hemos leído desde que en pandemia nos montamos nuestro mini-club lector.
Desde el principio la cosa para mí no pintaba muy allá, y no me equivoqué, aunque debo decir que quizás no ha sido tanto el libro como que mis gustos están muy lejos de encajar con este tipo de historias, para colmo, la novela ha tenido la mala suerte de que me haya coincidido en un momento en que estoy leyendo muy buenos libros y sobre también muy bien escritos y esta a mí me ha parecido a años luz de ellas y muy justita en todos los aspectos.
A lo mejor si me hubiera pillado con veinte o treinta años menos, le habría encontrado su gracia, pero la verdad es que no me ha gustado nada. Si le doy dos estrellas es por el vampiro, que resulta gracioso en más de un momento porque está totalmente desfasado de la época en la que se ha vuelto a despertar (el pobre ha estado sumido en un letargo de cien años, tipo la Bella Durmiente) y por eso un compañero o compañera de piso le puede venir estupendamente para adaptarse a los nuevos tiempos, aunque tiene un amigo, Reginal, vampiro también, que le ha estado echando una mano en su día a día, y que, por cierto, casi me ha parecido el mejor personaje del libro.
La verdad es que la premisa no era mala del todo, pero se me ha quedado en una historia totalmente previsible, olvidable y superficial porque todo acaba girando alrededor de la atracción que sienten Frederick (el vampiro) y Cassie (la inquilina). Él está muy bueno y ella, a los ojos de él, también. Me ha parecido una pena no sacar más partido a la historia del vampiro una vez que Cassie descubre su verdadera naturaleza. Yo de verdad, iba leyendo y pensaba… pues es un vampiro porque la escritora me lo cuenta, pero si me dice que es un albañil que acaba de despertar de un hechizo también me lo creo. Es que aquí nadie muerde ni un triste cuello, nadie hace cosas “vampirescas”, como mucho de vez en cuando un comentario y ya.
La historia entre ellos tampoco me ha convencido. Todo es demasiado acelerado y es alucinante lo poco que le cuesta a ella interiorizar que está viviendo con un vampiro, como si fuera lo más normal del mundo, pero claro… está muy requetebueno. Todo va encaminado hacia la escena calentorra (spicy que se dice ahora) que se va preparando desde el minuto uno. Un capítulo completo con todo lujo de detalles. Otra cosa que me no me ha convencido nada de nada es un conflicto que surge con la madre de Frederick ya hacia el final del libro y la absurda manera de resolverlo todo.
En fin… que ha sido una lectura floja donde las haya y desaprovechada en su desarrollo tanto de trama como de personajes. Lo mejor que se puede decir es que se lee rápido (o a lo mejor he sido yo que quería sacármelo del medio cuanto antes). Un libro olvidable y de un estilo con el que no creo que repita en mucho tiempo, aunque sé que hay otro libro de la autora, "Mi cita es un vampiro", esta vez con Reginald como protagonista, pero es que ni lo voy a intentar.






























