(Leído en Diciembre 2009) Nº 90
SINOPSIS:
SINOPSIS:
"Supe que la mala suerte nos había encontrado a mi hermano y a mí. Y nosotros tomamos la mala suerte y nos atamos los pies con ella, como si los hubiésemos hundido en cemento fresco. Hicimos lo peor que se le podría ocurrir a nadie: huimos."
Como si Tom Waits nos susurrara relatos apoyado en la barra de un bar, Vida de motel cuenta la historia de dos hermanos, Frank y Jerry Lee, que se echan a la carretera en un intento de huir del atropello que ha cometido Jerry Lee.
Con una enorme dosis de sentimiento y compasión, Willy Vlautin explora las vidas y las frustraciones de los dos hermanos -uno, narrador de historias nato; el otro, aspirante a artista-, y transmite a la perfección la sensación de opresión que sienten.
¿Les arrancará de su sopor la muerte del niño en el lamentable accidente o les hundirá aún más en la desolación?
¿Podrá Annie James, una chica de su pasado, ofrecerles alguna clase de redención, por exigua que sea?
Con unas ilustraciones que forman parte intrínseca de la novela, Vida de motel es un debut entrañable y hermoso. Debería considerarse un clásico de las novelas downbeat estadounidenses.
Me ha gustado mucho esta novela, que tanto he tardado en encontrar. Llegó a mi lista “infinita” de libros de la mano de La Librería de Javier este verano, cuando nos pedía 5 títulos que nos hubieran gustado y así poder recomendarnos otros cinco. Este aún es el tercero que leo y por tercera vez he de decir que ha vuelto a acertar en su recomendación.
Me ha parecido una buena historia. Sencilla, pero muy real, muy “posible”. Tienes la sensación de estar metida en una película americana, de esas llamadas “road movies”. A veces pensaba en Thelma y Louise, pero con protagonistas masculinos, aunque ¡tranquilos! Sólo me lo recordaba el ambiente no exactamente la historia.
Me he pasado un día entero entre moteles de carretera, de esos que salen en tantas series y películas, donde suelen aterrizar los que no tiene donde caerse muertos, moteles de carretera viejos y destartalados, en la mayoría de los casos como sus dueños, donde habitan quienes no parecen tener suerte en la vida, como en el caso de estos dos hermanos, dos buenas personas a las que la vida no está tratando con demasiada generosidad. Sólo se tienen el uno al otro y sobreviven sin apenas recursos.
El poco dinero que les dejó su madre se evaporó en una factura de hospital y parece que la mala suerte les persigue, además se pulen mucho de lo poco que tienen en alcohol, sobre todo en packs de cerveza.
Hay tanto consuelo en la bebida que estuve a punto de coger una cogorza leyendo.
¡Pero más cervezas! ¡Por el amor de Dios!
Parece que no hay más que whisky y cerveza en estas historias tan americanas. Quizá este tipo de escenas sí son un pelín repetitivas.
Hay tanto consuelo en la bebida que estuve a punto de coger una cogorza leyendo.
¡Pero más cervezas! ¡Por el amor de Dios!
Parece que no hay más que whisky y cerveza en estas historias tan americanas. Quizá este tipo de escenas sí son un pelín repetitivas.
El libro se lleva muy bien, no es muy largo, y además ayuda que la letra sea bastante más grande de lo habitual (al menos entre mis lecturas). Es una novela que se lee sola. En cuanto la comienzas te atrapa, te arrastra y quieres saber qué va a ser de Frank y Jerry Lee, dos hermanos con talentos diferentes de los que parecen no pueden vivir.
Uno narra unas historias fabulosas en las ellos suelen ser los protagonistas y donde su fortuna nada tiene que ver con la realidad y otro dibuja con el corazón lo que quisiera tener, lo que desea, pero un accidente hace que tomen una decisión y esa decisión traerá sus consecuencias.
Es una historia directa, sin adornos, ágil, conmovedora. Sientes rabia por su mala suerte, porque si algo permanece en el interior de estos hermanos es el cariño que ante todo se tiene el uno al otro y al que se añade un simpático perro que a punto de congelarse y medio muerto de hambre rescata Frank del jardín de una casa. Una historia que produce inevitablemente desaliento, aunque no llegará a hacerte llorar y pienso que muy recomendable.
Te sentirás como un polizón en su cochambroso coche y si te esfuerzas hasta puedes escuchar esa cinta de Willy Nelson que tanto se empeñan en poner.
Desde luego para ser la primera novela de Vlautin, hay que sacarse el sombrero. Por cierto que también es el cantante y compositor del grupo Richmon Fontaine, cuya música le viene genial como banda sonora al libro. Vlautin desde luego, apunta maneras.
Definitivamente me han quedado ganas de repetir. Se sube a mi lista “infinita” su siguiente novela Northline, que ya está en el mercado.

















