Sinopsis:
Australia Occidental, 1958. Durante generaciones, los MacBride han vivido en Meredith Downs, una inmensa y remota granja de ovejas: cientos de miles de hectáreas de tierra árida donde el paisaje, infinito y atemporal, impone sus propias leyes y hace visible la fragilidad de la existencia humana. Un día cualquiera, en una carretera solitaria bajo un cielo interminable, el patriarca Phil MacBride da un volantazo para esquivar a un canguro. En cuestión de segundos, la vida de toda la familia se hace añicos. Pero la tragedia no termina ahí: una cadena de consecuencias se cobrará la vida de uno de los hermanos y llevará a otro a renunciar a todo por el bien de un niño inocente. Matt, el más joven de los MacBride, se verá empujado a un viaje moral y emocional sin mapas ni certezas, obligado a elegir entre el amor y el deber, el sacrificio y la felicidad.
Ambientada a lo largo de varias décadas del siglo XX, Una vida lejana es una historia sobre la familia y el destino, sobre secretos que marcan para siempre y personas que intentan hacer lo correcto mientras buscan refugio frente a las adversidades.
Profunda, conmovedora y luminosa, esta novela explora las consecuencias de nuestras decisiones y celebra la fuerza perdurable del amor y la esperanza, incluso cuando todo parece perdido..
Hago un alto en mis vacaciones "blogueriles" para dedicarle una reseña a esta novela que me tocó en la última Masa Crítica de
Babelio
"Una vida lejana" es una novela que me ha gustado mucho, de las que te invitan a leer con calma, disfrutando cada página sin prisa, pero sin pausa. No es una historia con giros sorprendentes que busque enganchar al lector desde el primer párrafo, sino que te va metiendo poco a poco en ella gracias a la prosa de la autora, a una buena historia y sobre todo a unos personajes que te acabarán conquistando.
Nos encontramos en Meredith Downs, en el interior de Australia, en una vasta explotación de ganadería ovina y allí y a lo largo de unos cuarenta años seguiremos de cerca la vida de la familia MacBride, marcada por una tragedia que de la noche a la mañana destruye todos los planes que habían construido y cuyas consecuencias marcarán para siempre su destino. Poco a poco iremos viendo cómo la familia sigue adelante, su fortaleza, su resiliencia, pero también cómo el peso de la culpa y un secreto marca su destino.
Así como en otras novelas estás deseando que todos los personajes descubran los secretos que hay en la historia, con esta estaba deseando que nadie lo hiciera, que el secreto se quedara para siempre dentro del que lo llevaba a cuestas, a pesar de lo que eso significaba. Creo que me daba pena pensar en cómo iba a afectar ese descubrimiento a unos personajes por los que ya estaba sintiendo cariño gracias a lo humanos y reales que me resultaron. Si tuviera que quedarme con uno, creo que elegiría a Pete Peachey, un hombre fiel e íntegro, cuya soledad está condicionada por la época y el entorno en el que le tocó vivir y que llegó a emocionarme en algún momento.
Otra de las cosas que me más me han gustado del libro ha sido su estupenda ambientación. Creo que la autora describe muy bien el entorno y consigue que sientas la dureza de un paisaje abrasador donde todo está lejos de todo y también el esfuerzo de un trabajo agotador para el que no hay un horario fijo.
La naturaleza y el clima marcan el ritmo en Meredith Downs, una inmensa tierra de la que además ni siquiera son dueños y donde la importancia de la minería prevalece sobre los pastos de las ovejas, así que siempre existe el temor de que aparezca un filón interesante bajo los mismos.
“Una vida lejana” es una bonita novela, con un poco de drama, eso sí, que nos habla de la familia, de la culpa, de la pérdida, de la superación, de ser capaz de resistir, de saber adaptarse a los nuevos tiempos. Una historia para leer con calma y disfrutar de la prosa de su autora.
Guarda un sitio en tu corazón para las cosas bonitas. La belleza te ayudará a superar los momentos difíciles.
En cualquier propiedad antigua del interior pueden verse esqueletos de sueños. Casas abandonadas tiempo atrás, molinos de viento oxidándose, postes de cerca astillados, soportes de tanques caídos... Todos, en algún momento, supusieron un comienzo esperanzador.
La edad se acerca sigilosamente, día tras día; se posa tan silenciosamente sobre tu hombro que apenas notas que se ha vuelto más pesado. Las cosas cambian lentamente. Te acostumbras a la forma que ha tomado tu vida, aunque no te la imaginaras nunca así, de la misma manera que te acostumbras a unas arrugas que nunca pensaste que tendrías.
Toda ruina, todo escombro, es la reliquia de un sueño marchito que persiste cuando ya hace mucho tiempo que el cuerpo de quien lo soñó fue devuelto a la tierra con amor, remordimiento o indiferencia.

















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