Sinopsis:
Estamos en 1987. Tras una gran tempestad, Cora sale con su niña de nueve años para registrar el nacimiento de su hijo. Su marido insiste en mantener la tradición familiar y que el bebé lleve su nombre. Pero Cora duda. Ir en contra de su voluntad podría ser peligroso, y sin embargo, ¿debe el pequeño heredar el nombre de generaciones de hombres dominantes? La elección que haga en ese momento marcará el rumbo de sus vidas. Siete años después, el niño es Bear, un nombre escogido por su hermana y tan inesperado como la tormenta de la que surgió. O es Julian, el nombre que su madre le dio, convencida de que le permitiría forjar su propio camino. O es Gordon, como su padre, criado a su imagen y semejanza... aunque quizá todavía haya una posibilidad de romper ese molde.
Esta es la historia de tres nombres, tres versiones de una vida, y las infinitas posibilidades que una sola decisión puede desencadenar. Es la historia de una familia, y de cómo el amor resiste y perdura entre sus miembros, sin importar lo que el destino les depare.
Esta es una lectura que me ha parecido muy especial y de las que se recuerdan en el tiempo. Reconozco que al principio no tenía nada claro hasta qué punto algo tan aparentemente sencillo como elegir un nombre podía dar pie a una novela y condicionar una vida entera… pero la autora consigue que te lo creas por completo, o al menos conmigo, lo ha conseguido.
La novela parte de una idea muy original: a partir de una misma decisión, se despliegan tres posibles vidas que avanzan en paralelo a lo largo de los años. Es casi como leer tres historias en una, con personajes que se repiten pero cuyas relaciones, decisiones y destinos cambian según el camino tomado. Ese juego narrativo está muy bien construido y hace que estés constantemente comparando, sacando conclusiones y preguntándote qué pesa más: el azar, el entorno o las decisiones.
Pero más allá de la estructura, es una historia con bastante carga emocional. Hay momentos duros que te encogen el corazón, especialmente por cómo aborda ciertas dinámicas familiares duras que la autora no maquilla en absoluto, pero también hay espacio para la ternura y para la esperanza. Los personajes están bien perfilados y es fácil implicarse en sus vidas.
La forma de narrar es ágil y clara, lo que ayuda mucho teniendo en cuenta que la historia avanza con saltos de varios años y ahí, quizás, es donde pondría mi único “pero”: en algunos momentos te quedas con ganas de saber más de lo que ha ocurrido entre un tramo y otro, como si faltaran pequeñas piezas para completar del todo la evolución de los personajes.
Aun así, me ha parecido una novela original, muy interesante, distinta y muy bien llevada. Una de esas lecturas que, además de entretener, te deja pensando en cómo decisiones aparentemente pequeñas pueden cambiarlo todo.
…algunos hombres —como el padre de Gordon— son tan prepotentes que creen que sus hijos, y los hijos de sus hijos, necesitan llevar su nombre para prosperar en esta vida.
Siete es el número mágico. Un talismán. Es el promedio de veces que una mujer intentará dejar a una pareja maltratadora antes de finalmente conseguirlo.
Ocurre con frecuencia: cuando la persona más callada, más reservada en sus opiniones, más reacia a imponer sus pensamientos a los demás, por fin habla, la escuchas. Y de repente te encuentras cara a cara con la verdad.

















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