Sinopsis:
Un lugar marcado por la muerte. Un inspector que no quiere volver
2024. La aparición de un cadáver envuelto en un macabro sudario marca el inicio de unos crímenes que aterrarán a la ciudad. La única pista es un nombre de mujer: Palmira.
El joven inspector Martín Benot regresa a casa después de un largo destierro y toma las riendas de una investigación que va a revolver sus demonios familiares.
Cuando la brillante doctora Cecilia Flores ―por quien Martín siente una rara fascinación y cuyo rostro cree recordar― expone las causas asombrosas de las muertes, el pánico se apodera de este emblemático rincón del norte.
Un inspector pertinaz e idealista, una forense obsesiva y enigmática, un extraño caso sin resolver y una localidad cercada por un paisaje salvaje y golpeada por un océano fiero.
Una novela en que la investigación científica, la tradición, la psicología y las leyendas juegan con la mente del lector hasta llegar a un desenlace de impacto.
He leído a Greta Alonso desde su primera novela (El cielo de tus días), cuando todavía su identidad era un misterio, algo que por cierto, se ha desvelado con este su tercer libro, y la verdad es que es una autora a la que merece la pena seguirle la pista.
El asesino de invierno es su última novela y me ha gustado bastante, pero reconozco que de momento mi favorita es La dama y la muerte.
La historia arranca en Tesalia, una localidad costera ficticia del norte de España. Allí regresa Martín Benot, tras años alejado de su tierra natal por motivos que se irán desvelando a lo largo de la narración, para investigar una serie de crímenes con cierto aire ritual. A partir de ahí, la novela va creciendo en capas: tenemos la investigación del presente (2024), también episodios del pasado en 1987 que aparecen narrados en forma de manuscrito y algunas otras piezas que se presentan con capítulos titulados “Los niños” que al principio no acabas de entender cómo van a encajar, hasta que, obviamente, lo acaban haciendo.
La verdad es que la historia está muy bien armada, con capítulos cortos que hacen que la lectura sea ágil y mantenga el interés.
La prosa es sencilla y directa, al igual en sus dos libros anteriores y eso hace que se lea con facilidad. Me ha gustado mucho cómo se lleva la investigación y también la ambientación, esos cielos grises y húmedos que acompañan a esta historia a la que desde luego no le hubiera pegado nada un cielo primaveral.
Es verdad que para ser un thriller no me ha parecido que tuviera un ritmo endiablado, pero la historia en sí me atrapó y me pareció bastante compleja. Yo, al menos, no vi venir el final en ningún momento ni siquiera tenía claro de quién sospechar o qué teoría elaborar. Lo que más me ha gustado es lo perdida que me ha tenido hasta prácticamente el final y que por supuesto no me haya sentido engañada con la resolución que lo deja todo bien atado.
Mi “pero”, como mucho, iría para los personajes en general, protagonistas y secundarios, que son correctos en su función, pero con los que yo no he empatizado, lo confieso. Aún así, me parece una muy buena novela y muy recomendable.
Yo también he visto mucho, Vela, a veces quisiera no tener ojos.
El tiempo que pasa es la verdad que huye.
Miramos sin ver, oímos sin escuchar, y acabamos funcionando en piloto automático.
El ser humano es rencoroso, vencer al rival no es suficiente; hay que borrarlo. El olvido es la pena más definitiva.
si te regalan un reloj de ceniza te están condenando a una muerte inminente.
No se le pueden poner límites a la imaginación ni a la maldad.

















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