Punto de araña (Nerea Pallares)

⭐⭐⭐

Sinopsis:

Llamada por el espíritu del mar y del viento que bate en la puerta de todas las casas, Ari llega a Camariñas, un pueblo laberíntico que le resulta extrañamente familiar, para encargarse del museo del encaje y ejercer como guía turística, sin saber aún que las mujeres de la localidad han tomado una decisión que está a punto de cambiarlo todo. Hartas del egoísmo de los hombres ausentes, dueños del dinero y de las decisiones, y de sostener la voz de todos sin tener una propia, las encajeras o palilleiras –que son también rederas, mariscadoras y trabajadoras de la conservera– deciden acabar con esta situación de una forma drástica y peligrosa: llamando a las arañas. Tres deidades dotadas de un poder y una sabiduría ancestrales.

Me ha pasado con Punto de araña algo muy parecido a lo que sentí con Han cantado bingo: entiendo perfectamente lo que Nerea Pallares quiere transmitir con esta novela y valoro el mensaje y la reflexión que provoca su lectura, pero la forma en la que está narrada la historia me resultó confusa y no ha terminado de encajar conmigo. Además, la ausencia de guiones en los diálogos tampoco me ayudó a seguir el hilo con comodidad. Es de esos libros que, aunque reconozco su calidad, siento que no ha sido para mí.

Punto de araña parte de una idea interesante: Ari llega a Camariñas para encargarse del museo de encaje y se encuentra con un pueblo marcado por la muerte de una niña y por la decisión unánime de las mujeres de rebelarse contra los hombres, uniendo fuerzas y recurriendo a una especie de poder ancestral vinculado a las arañas (¿Moiras?) que pueden tejer y destejer el destino. 

La trama tiene ingredientes que me atraían muchísimo: la ambientación en Camariñas es muy buena, el realismo mágico y la unión de las palilleiras rebelándose contra el machismo y la violencia tras la muerte de la niña. Es una historia con bastante simbolismo que gira en torno al acto de tejer, de hecho la idea de que si ellas dejan de tejer todo se para es una de las cosas más interesantes del libro. Sin embargo, con tantos temas sobre la mesa (sororidad, violencia, tradición, narcotráfico, mitología…), me quedó la sensación de que a muchos les faltaba algo más de desarrollo.

Creo que es una novela que hay que leer con calma, casi como si uno estuviera siguiendo el ritmo paciente de un encaje que se va formando poco a siguiendo el ritmo paciente de un encaje que se va formando poco a poco. Tiene ideas sugerentes y una ambientación muy particular, pero en mi caso no ha sido una lectura con la que haya terminado de encajar.
… las palabras, para hablarlas, hay que tejerlas primero. Si no se pierde el hilo y cuelgan las lenguas muertas y deshilachadas. Los hilos son la saliva, Vera, y el habla es tejido en movimiento.

Es un trabajo muy poco agradecido porque nadie ve lo que estás haciendo. Es un trabajo duro que solo se valora cuando se deja de hacer. Entonces ahí sí, qué listos, los señoritos, entonces ahí se dan cuenta de lo importante que era, cuando lo echan en falta.

Hay que tener paciencia. Las cosas a veces pasan cuando tienen que pasar y no cuando queremos nosotras.

Al habla le tejieron acento y formas y pronunciaciones y dijeron ghato y gharabullo y sereixo y samburiña, palillaron la lengua materna a medida del lugar: entre todos hicieron sonar el idioma que hablaban las raíces. E igual que cada cual tenía su particular modo de tejer, tuvo también su manera de hablar propia; en el sonido de su hilo de voz, en el apuro de las frases, en lo que decían y en lo que evitaban decir.

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