Sinopsis:
Traiciones, intrigas y poder político alrededor de una profecía ancestral
Los jirones dispersos del gran pueblo celta
Ya solo el viento visita la planicie solitaria. Las piedras milenarias, inmunes a sus embates, dormitan un sueño perpetuo. La memoria de la vieja Armórica resiste a duras penas el paso de los siglos, y únicamente unos pocos conservan la sabiduría antigua de los hijos de Gael. El pueblo perdido que, diseminado en torno a un mar común, arrastra más de mil años de exterminio inexorable.
Un niño elegido
Es el invierno de 1397. En las profundidades más sombrías del bosque de Karnag llega al mundo Aydan, la última esperanza para su pueblo. El pequeño nace atado a una extraña profecía que es, a la vez, bendición y maleficio. Extender luz sobre las tinieblas. Cambiar el mundo para siempre. La herencia de las naciones gaélicas lo acompañará en su búsqueda, pues el futuro de la humanidad, aun sin saberlo, está ligado a su destino.
La memoria desvaída
Los menhires, testigos mudos de su historia, la guardarán hasta el alba en el eco de la eternidad. Tal vez ellos puedan responder, algún día, a las preguntas que ya nadie sabe formular.
¿Qué sucedió con el pueblo perdido?
¿Qué fue de los hijos de Gael?
¡Qué bien me lo he pasado leyendo esta novela!. Es de esas historias que te enganchan desde el primer capítulo y que, casi sin darte cuenta, te has terminado porque necesitas seguir avanzando página tras página.
La historia nos sitúa en una época convulsa donde planea la sombra de los conflictos entre Francia e Inglaterra y con una Bretaña marcada por leyendas, supersticiones y luchas de poder. En ese contexto y de forma impactante y casi milagrosa nace Aydan, un niño señalado por una profecía que condicionará toda su vida. A partir de este hecho, lo que encontramos es una aventura intensa, llena de peligros, viajes, aprendizaje y decisiones difíciles, donde la supervivencia y el destino van de la mano.
Uno de los grandes aciertos de la novela son sus magníficos personajes. Aydan es un protagonista que crece ante tus ojos, al que es imposible no cogerle cariño, marcado por todo lo que le toca vivir sobre todo en los primeros años de su vida, pero sin perder nunca esa mezcla de valentía, sed de justicia y humanidad que lo hace tan especial.
A su alrededor encontramos personajes tan estupendos como la fascinante Myrna, la maravillosa Breann o el inolvidable y leal Beadur que aportan profundidad y fuerza a la historia, creando un conjunto muy sólido en el que es fácil implicarse emocionalmente porque es imposible no empatizar con sus circunstancias. Mención especial también merece Cearbhall de Pornichet que desde su aparición, he deseado que falleciera entre terribles dolores 😂
La forma de escribir de Rodrigo, que ya conocía de otras novelas, me ha vuelto a encantar. Hace que te olvides de que estás leyendo y te traslada al propio centro de la historia. "Hijos de Gael" está narrada desde varios puntos de vista y a través de capítulos cortos que dan mucho ritmo a la narración sin que te pierdas en ningún momento.
Muy buena también esa mezcla de historia, leyenda y elementos casi mágicos que se integran en la narración sin que nada chirríe encajando todo con naturalidad. Es un libro que vuelva entre las manos dejándote con ganas de más y con esa sensación de haber vivido una gran historia. Ya tengo "Portosanto" ya en parrilla de salida en cuanto baje algunas de mis lecturas pendientes.
En definitiva, una novela que lo tiene todo: emoción, aventura, personajes memorables y una ambientación impecable.
Desde que el mundo es mundo hay gente dispuesta a aprovecharse de la debilidad de sus semejantes. Gente que inventa normas y que construye jaulas para encerrar rebaños de mentes domesticables. Élites que elevan códigos éticos, creados de manera arbitraria, a la categoría de ley inviolable.
Volver a vivir no es fácil si uno sale del infierno.
Las creencias se afianzan en nosotros de manera natural, Breann. Es el modo que tiene nuestra mente de construir una visión del mundo: un esquema que nos permita asimilar los enigmas que nuestra inteligencia no es capaz de abarcar. Cuanto más sencilla sea esa creencia, más éxito tendrá
Cada vez que cedemos ante uno de nuestros miedos, añadimos un barrote que va cubriendo nuestro campo de visión

















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