Sinopsis:
¡Guárdate de mí, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso!
Tras el prematuro fallecimiento de su madre, el temerario doctor Victor Frankenstein tiene un solo propósito: encontrar la manera de vencer a la muerte. Por ello, dejando de lado las consideraciones éticas, se entrega en cuerpo y alma a la creación de un nuevo ser. Pero la situación se le escapa de las manos, desencadenando una cascada de trágicos acontecimientos.
En esta genial obra, pionera en el género de la ciencia ficción y cumbre indiscutible de la narrativa gótica y romántica, la autora plantea los peligros de un desarrollo tecnológico desaforado, la sinrazón del odio y la venganza ciega, y los permeables límites entre el bien y el mal.
Una cabal alegoría de la soledad del individuo en las sociedades modernas protagonizada por la fascinante criatura de Mary W. Shelley, complejo antihéroe capaz de movernos a un tiempo a la repugnancia y a la compasión.
Frankenstein, de Mary Shelley, ha resultado ser una lectura interesante, aunque no tan redonda como esperaba. Me ha gustado pero tengo que reconocer que no tanto como Drácula. Ambas comparten ese estilo más pausado y elaborado propio de la época, pero en este caso se me ha hecho más denso en algunos momentos y sentía que se alargaban más de lo necesario.
Aun así, la historia engancha, mantiene la intriga y, sobre todo, invita a reflexionar constantemente, aunque obviamente a estas alturas y tras tantas versiones y cambios que se han hecho de la historia sobre todo en el cine, sorprender ya no sorprende. Lo más potente, sin duda, es el enfoque sobre quién es realmente el “monstruo”. Porque si hay alguien que deja mal sabor de boca es Víctor Frankenstein: obsesivo, egoísta y bastante irresponsable. Resulta que dedicas meses de tu vida a crear vida… y en cuanto lo consigues… ¡zás!, abandonas a tu criatura a su suerte sin darle ni una mínima oportunidad. Un cobarde en toda regla. Ese rechazo absoluto es, al final, el verdadero origen de la tragedia.
La parte que más me ha gustado es cuando la criatura toma la palabra y cuenta su historia. Es imposible no empatizar con un ser que, a pesar de su aspecto nace bondadoso y con capacidad para amar y que por el rechazo y el abandono que sufre acaba siendo un ser vengativo cuando él solo busca su lugar en el mundo. Es más humano que muchos de los personajes que lo rodean, y duele pensar en lo que podría haber sido con un poco de comprensión y cariño.
Como buena novela gótica, la ambientación es impecable, tiene una atmósfera muy lograda las ideas que plantea en su momento debieron de ser muy impactantes. Hay que reconocer el mérito de Shelley, sobre todo por lo jovencísima que era cuando escribió esta historia. Creo que merece la pena, sobre todo por todo lo que plantea a nivel moral y humano, aunque su final no me haya convencido del todo.
Próximo clásico previsto para este año: Cumbres borrascosas.
“… procuraré resignarme a la muerte con alegría y alimentaré la esperanza de que volvamos a vernos en otro mundo
Nada es tan doloroso para la mente humana como un cambio grande y súbito. Ya podía brillar el sol, ya podía amenazar tormenta el cielo, que nada se parecía al día anterior.
Me vengaré de mis agravios: si no puedo inspirar amor, infundiré miedo; y a ti más que a nadie, mi archienemigo, por haberme creado, te juro un odio inextinguible.

















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