Mujercitas (Louisa May Alcott)

(Leído en Diciembre 2009) Nº 87

Se me estaba acabando el año y todavía no había leído “el clásico” que siempre intento añadir a las lecturas anuales, así que gracias a los recuerdos televisivos que despertó en mí La fiesta de Orfeo decidí leer la versión íntegra de otro clásico que pude ver mil veces cuando era pequeña: “Mujercitas” y que gracias a la editorial Lumen que la editó en 2004 se pudo leer por primera vez al completo.

Ya hacía cinco años que había comprado esta novela en una edición especial que hizo Círculo de Lectores, por estas fechas más o menos y ya le iba tocando.

Lo cierto es que no tenía idea de que las ediciones anteriores de esta novela estuvieran “recortadas”, salvo aquellas versiones resumidas que había para las niñas, como la que yo misma tuve. Por lo que he leído en el interesante prólogo que hace en la novela su traductora “Gloria Méndez”, en 1880 los editores suprimieron capítulos enteros y dulcificaron los términos considerados vulgares para adaptarlos al gusto del público femenino de entonces”.

Algún dato más interesante extraído de: http://www.edicionesdelsur.com/articulo_148.htm

Lo que faltaba en ‘Mujercitas’

¿Qué reaparece en esta nueva ‘Mujercitas’ en castellano? La denuncia que Jo hace del mundo editorial de la época y del gusto por los folletines, cuando intenta vender a los periódicos sus primeros cuentos. Pero también las múltiples referencias literarias que la autora disemina en sus páginas: los editores suprimieron ‘The Pickwick Portfolio’, un boletín literario que las hermanas confeccionan a imitación de los célebres ‘Papeles póstumos’ de Charles Dickens.

Resurgen además las bromas sobre las formas masculinas de conducirse que tiene Jo y alguna frase que a los editores debió de parecerles poco edificante para las jóvenes de la época: “Nadie me querrá, y es una suerte, porque en toda familia debe haber una solterona”, dice sin un ápice de autocompasión la hermana rebelde. Igualmente el lector descubrirá el desencanto inicial de la dócil Meg con su matrimonio.

O también reflexiones críticas como ésta: “En Francia, las muchachas se aburren mucho hasta que se casan, momento en el que ‘Vive la liberté’ pasa a ser su consigna. Como todo el mundo sabe, en Norteamérica las muchachas firman primero su declaración de independencia y disfrutan de la libertad con republicano entusiasmo, pero, cuando se casan, abdican en favor de su primer vástago y viven más encerradas que una monja de clausura francesa, sí, sin el voto de silencio”. Demasiado fuerte para la época, pensaron los editores.

Esta nueva edición tiene, de hecho, seis capítulos más que las leídas hasta el momento en España. Pero tampoco hay que llamarse a engaño. ‘Mujercitas’ es un fiel reflejo de la sociedad de su época, así como de las ataduras que inmovilizaban a las mujeres y de las inquietudes que empezaban a dejarlas escapar de sus corsés. Hay mucho didactismo y mucho consejo moral —“Y así la joven comprendió que hacer una buena obra es en sí una recompensa”—, sin olvidar algunas referencias a la condición femenina que harán sonrojar a las lectoras del siglo XXI: “Meg (...) se había vuelto más femenina y más ducha en las artes del ama de casa, y estaba más guapa que nunca porque el amor es el mejor tratamiento de belleza”.

La verdad es que ha sido ... delicioso. Sí esa es la palabra.
Quizá hoy día resulten unos personajes difíciles de encajar. Ellas son todo bondad. Piensan continuamente en el prójimo, aunque por supuesto también por dentro desean cosas buenas para ellas. Son mujeres optimistas a pesar de haber perdido la fortuna familiar, pero se adaptan a la situación con buen humor, mucho trabajo y sobre todo amor a raudales.
Incluyen como a un miembro más de la familia a Laurie, su vecino, un chico en principio solitario, al que acogeran con gran cariño, que se convertirá en el amigo más fiel que puedan desear y cuya casa también acabará abierta para todas estas jóvenes, sobre todo para Beth “un ángel”, que se convierte en la debilidad del abuelo de Laurie, llegándola a adorar como si fuera su propia nieta.

Está claro que prácticamente en nada se identificará una chica de 15 ó 16 años de ahora con las protagonistas de esta novela, pero ha sido estupendo volver a recordar la historia de las hermanas March y lo mejor es que a pesar de conocer la historia y el desenlace de alguno de los personajes es inevitable emocionarse al llegar a esos pasajes.

Otra cosa que me ha gustado mucho es haber podido ponerle cara a todos los personajes, porque los recuerdo perfectamente y estoy hablando de aquella versión del año 49, en la que aparecía una jovencísima Elisabeth Taylor como Amy, o una guapísima Janet Leigh como Meg. ¡¡Dios mío si estuve a punto de comprarme la peli el otro día en El Corte Inglés!!


Me olvidaba comentar que esta edición trae unas cuantas ilustraciones, pero en mi opinión son bastante feas. Los dibujos que reflejan a las hermanas y Laurie los hacen parecer mayores que la edad que se supone que tienen. La verdad es que no son nada nada bonitas.

Sin embargo y ya que he añadido esto, aprovecho también para presentaros la versión de este libro que tenía de niña. Pensé que no lo tenía por casa y ha sido una sorpresa encontrarlo.
Este trae unos dibujos muy bonitos en blanco y negro, pero estaba pensando para que le gustara a las niñas de entonces (oseasé yo). Estoy viendo que esta edición es del año 70, así que tiene tantos como yo: 39. Hojas amarillitas por el paso del tiempo, mi nombre escrito con letra de niña y el nombre de quién me lo regaló, porque resulta que fue UN REGALO (y no me acordaba). Un regalo de María Luisa una amiga de la familia que tenía una librería y que fue quien me metió en el cuerpo este sano vicio de leer.