De acero (Silvia Avallone)

TITULO ORIGINAL: Acciaio
TRADUCCION: Carlos Gumpert 
AUTOR: Silvia Avallone
EDITORIAL: Alfaguara 
ISBN: 978-84-204-7500-4
PÁGINAS: 363
PRECIO: 17,50€

CONTRAPORTADA:
El Mediterráneo, la luz, la isla de Elba al fondo… Y sin embargo, en la ciudad industrial de Piombino tener catorce años no es fácil. Si tu padre se parte la espalda en las acererías que proporcionan pan y desesperación a media ciudad, lo máximo que puedes desear es una tarde en la playa, o tener un hermano que sea el jefe de la pandilla. Lo saben bien las inseparables Anna y Francesca. Cuando el cuerpo empieza a cambiar no hay alternativa: o te escondes y te quedas fuera, o usas con violencia tu belleza y confías en que te ayude a ser alguien. Ellas lo intentan, convencidas de que para sobrevivir basta con luchar. Pero la vida es feroz. Y cuando llega el amor, las pocas certezas se pierden, y hasta la amistad duele. 

Me pasa con frecuencia que las novelas que cuentan historias tan realistas como la de este libro me suelen llamar poco la atención y al final terminan gustándome mucho más de lo que esperaba. Es lo que me ha ocurrido con "De acero", un libro que me ha gustado por varias razones, pero sobre todo por la forma en que está escrito. Cuando leí su argumento me temía que entre sus páginas encontraría un historia bastante dura, de esas que te cuentan la realidad sin tapujos y de forma directa y eso es exactamente lo que me he encontrado.

Esta es una historia, que comienza un sofocante verano en Piombino, Italia, concretamente en el barrio obrero de Satlingrado. Un barrio industrial, donde la fábrica de acero, en la que trabajan muchos de sus vecinos, y que no pasa por su mejores momentos, es un personaje más de la novela, casi el corazón que da vida al barrio. Prácticamente la mayoría de los hombres que allí viven trabajan en ella, sobre todo muchos jóvenes que no han querido continuar estudiando.

Pero sobre todo es la historia de Anna y Francesca, dos niñas a punto de dejar de serlo, íntimas amigas desde la niñez. Para ellas el comienzo de este verano es el comienzo de una nueva vida, es un tiempo de cambios, cambios en sus cuerpos que no sólo ellas empiezan a apreciar y que despertarán recelo, envidias y deseos a partes iguales, cambiarán de centro de estudios, conocerán gente nueva, y como soñar es gratuito no dejan de hacer planes juntas. Ninguna de las dos protagonistas tienen precisamente una vida envidiable. Detrás de la puerta de sus casas, cada una debe lidiar con su drama particular.

Silvia Avallone
Francesca, con un padre maltratador que la vigila y castiga siempre que puede de forma feroz y violenta. También vive con su madre, pero es como si fuera un mueble, una mujer sumisa que ya no espera nada de la vida a pesar de ser todavía muy joven. Crecer en ese ambiente lo único que ha conseguido es que Francesca odie a los hombres en general.

Anna, por su parte, vive co
n un padre que aparece y desaparece y que sólo desea conseguir dinero fácil sin esforzarse demasiado, también con su hermano mayor Alessio, que trabaja en la fábrica de acero y que además se saca un dinero extra robando y trapicheando de vez en cuando, mientras piensa en una novia que ya no tiene y un coche que no puede pagar, y con una madre que intenta equilibrar una familia que no acaba de funcionar.

¿Qué salva a estas dos niñas? Pues su férrea amistad, su vitalidad y juventud. Cada día se levantan pensando en salir por la puerta de casa y pasar el día juntas, haciendo planes. Anna quiere estudiar, le gusta hacerlo. Sabe que es la llave para salir de este barrio, si no quiere acabar como la mayoría, casadas antes de lo que esperaban y con un crío pegado a sus piernas. Es más atrevida y osada que su amiga.

Francesca, no es tan buena estudiante, teme que el éxito de Anna en los estudios acabe separándolas, sin embargo salir de Piombino es también su meta, aunque para ella quizás la clave esté en utilizar su belleza.

No ha dejado de chocarme a lo largo de todo el libro, este tipo de pensamientos e inquietudes en unas niñas de trece años, quizás se deba precisamente al ambiente en el que han crecido. Entiendo que es lógico que quieran escapar de él y como yo he tenido la suerte de vivir una vida tan diferente, no tuve que preocuparme por todo eso, pero  yo las veía demasiado niñas para hacer ciertas cosas o incluso para perder el tiempo pensando en ellas, aunque me da la sensación de que la autora lo ha contado así porque así ocurre en muchas ocasiones. A veces la realidad es como una bofetada en la cara.

Portada italiana
Es una crítica social en toda regla,  una historia sincera, dura y sin florituras, la autora no tiene intención de endulzar la realidad para hacérsela más llevadera al lector, por lo tanto no esperes un final del tipo "... y fueron felices...". Si una cosa consigue Silvia Avallone en este libro es retratar con detalle el entorno y la atmósfera que se respira en un barrio como Via Stalingrado; hace que el lector se sienta como un vecino más, llevándonos al interior de esa fábrica, a la orilla de la playa que los vecinos ven desde los balcones de sus "colmenas" y al interior de sus hogares, y por consiguiente lo que uno desea también es salir de allí.
Un libro en el que se masca la tragedia desde el principio, aunque reconozco que no supe hasta el final por dónde acabaría explotando todo.
Es una historia de amistad, de amor, de delincuencia, sexo y drogas, pero sobre todo de supervivencia, es dura, triste y despiadada por momentos, pero contada con una prosa ágil y natural, con un ritmo uniforme y sin altibajos que, a pesar de lo que cuenta, seduce al lector y anima a seguir leyendo, hasta ese final que no es un final, simplemente es un punto y seguido en las vidas de todos los personajes que aparecen en esta historia (o casi todos).

¿Recomendable? Yo diría que sí y mucho, pero también reconozco que a veces uno coge un libro precisamente para olvidar este tipo de historias que día sí, día no, aparecen en las pantallas de los televisores, así que si en algún momento os apetece leer algo de género realista, "De acero" os aseguro que será una muy buena opción. 
Enrico, con los prismáticos en la mano, observaba la escena. Aumentaba la graduación enfocando el bañador de su hija. Sudaba. Lo había visto todo, esta vez. Su hija que se subía a hombros de un chico, ese asqueroso bastardo del edificio de enfrente. Él que la abrazaba bajo el agua, fuera del agua, por todas partes. Los había visto correr hacia los vestuarios, ocultarse entre las casetas.
Las manos le temblaban, las venas le estallaban en el cuello. Estaba a punto de lanzarse abajo, a la playa. Pero después los vio regresar, al cabo de pocos minutos, reuniéndose con los demás. Y por eso no había intervenido. No quería montar escenas inútiles. La esperaría en casa. Y antes del turno de las diez le habría comprender, por las buenas o por las malas, que no debía comportarse como una puta.
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