Sinopsis:
Una noche de 1984, tiene lugar una salvaje matanza en Loeiro. Los habitantes lloran la muerte de Berta, una niña de nueve años, pero ignoran la carnicería que se produce en el Molino del Cura.
Cuarenta años después, Alba Mariño vive atrapada en un presente sin memoria. Desde pequeña, su cabeza no es más que un territorio devastado: una enorme cicatriz y un vacío imposible de llenar. Sin embargo, una noticia sobre Loeiro en el telediario reabre y aviva un miedo antiguo. A los cincuenta años, Alba decide trasladarse al pueblo costero para enfrentarse a lo que no recuerda.
Con la ayuda de Sinda —la Gestapo—, de César Araújo y de la detective Iria Santaclara, emprende una investigación que la conduce a las siniestras hermanas Freijomil, las nietas del cura, y a su sobrina Berta, cuya muerte nunca terminó de esclarecerse. Un crimen enterrado en silencio, un asesino aún vivo y dispuesto a matar, y unos vecinos que saben tanto como callan.
Los crímenes de Loeiro 2
Asesinato en el molino del cura me ha dejado un sabor de boca estupendo. Si ya había disfrutado mucho con Asesinato en la casa rosa, esta segunda entrega me ha gustado incluso más. Creo que esta novela es más oscura y sombría que la anterior, pero igualmente se lee sin que te des cuenta, los capítulos son muy ágiles y el misterio está presente desde el inicio. Todo el tiempo tienes la sensación de que hay “algo más” detrás de los personajes y sus recuerdos.
La historia que nos lleva de nuevo a Loeiro, arranca con fuerza y consigue enganchar desde las primeras páginas. La mezcla entre un pasado lleno de secretos que pesan sobre los personajes y el presente funciona muy bien y hace que quieras seguir leyendo para encajar todas las piezas. La verdad es que los saltos al pasado están muy bien dosificados y consiguen mantenerte en vilo. Además, me ha gustado mucho cómo Arantza juega con el lector: aunque en varios momentos parece bastante evidente por dónde pueden ir los tiros, nunca terminas de confiar del todo porque esperas un último giro que cambie todo. Y sí, acaba llegando. Es verdad que hubo un detalle concreto que me hizo sospechar de alguien y terminé acertando, pero aun así el desenlace me gustó.
En esta novela Alba es la protagonista, una mujer que regresa al pueblo de su infancia porque su pasado está lleno de huecos en blanco y además marcado por una tragedia que le ocurrió siendo niña y que no acaba de recordar.
Me ha gustado mucho volver a Loeiro, un Loeiro otoñal y lluvioso, donde sus habitantes son muy dados a guardar silencio, a esconder secretos familiares y viejas heridas, aunque eso precisamente lo hace todo mucho más interesante, porque en realidad parece que todos saben cosas que no tienen intención de compartir. Y, por supuesto, otra cosa que me ha encantado es volver a encontrarme con Sinda, más conocida como la “Gestapo”, un personaje secundario que es imposible pasar por alto, un personaje con carácter y que da mucho juego a la historia y, cómo no, también con Iria, cuya vida profesional ha cambiado con respecto a libro anterior y con César. También encontraremos algún personaje nuevo que seguramente estará presente en la siguiente entrega de esta serie, o al menos, eso espero.
Otra cosa muy interesante la parte más emocional de la trama, porque además de la investigación hay una reflexión importante sobre la memoria, los traumas y todo aquello que se intenta ocultar durante años esperando que desaparezca por sí solo.
Si tuviera que ponerle alguna pega, diría que el final deja ciertas cosas abiertas, pero es una pega pequeñita, porque imagino que esto prepara el terreno para la siguiente entrega. La verdad es que lo he disfrutado mucho. Si te gustan los misterios con secretos familiares, atmósfera inquietante y personajes con muchas sombras, considera seriamente sumergirte en esta novela.
Nadie habla nunca de algunas cosas, tan solo se las oculta en casa, hasta que la gente olvida la deshonra. Así había sido siempre.
Lo que se sabe se sabe, pero lo que no se sabe se inventa.
No tenía nada en contra de las residencias de mayores, y aunque sabía que ese era el destino natural de una anciana sin familia, no quería renunciar así como así a su independencia. Decididamente tenía que dejar de leer a Elizabeth Strout. Su Olive Kitteridge, que en otros tiempos adoró, se había vuelto una vieja tan decrépita y amargada como ella misma. Volvería a la novela negra.
Todas las familias tienen una herida abierta…

















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