Cuatro hermanas (Jetta Carleton)

TITULO ORIGINAL: Moonflower Vine
TRADUCCION: Mª Teresa Gispert
AUTOR: Jetta Carleton
EDITORIAL: Edición de Círculo de Lectores
ISBN: 978-84-672-3876-1
PÁGINAS: 396
PRECIO: 16,95€

SINOPSIS (De Círculo de Lectores)
Esta es una novela para leer en una mañana de domingo o en una tarde de lluvia, porque habla de hogar y de lazos de sangre, de hijas que crecen, de abrazos fraternales y reuniones en la cocina, pero también de pérdida, de tristeza y de pasión. Cuenta la historia de Matthew Soames, maestro en un colegio rural de Misuri, su enérgica mujer, Callie, y sus cuatro guapas hijas.
La narración se inicia un verano de principios de los años cincuenta, cuando tres de las hijas se instalan en la granja para pasar las vacaciones y ayudar a su madre. Las confidencias y las risas de Jessica, Leonie y Mary Jo hacen aflorar los recuerdos, las alegrías y los desengaños que marcaron la vida familiar: el inesperado amor de Jessica por Tom, las escapadas nocturnas de Mathy, el perfeccionismo de Leonie, los recuerdos de Callie… Delicada, sencilla y emocionante, esta novela posee la frágil belleza de las ipomeas que las noches de verano se abren en el jardín de la granja... sólo por un instante.

Espero no pecar de cursi si digo que la lectura de esta novela ha sido una delicia y es que tal y como dice la sinopsis es una novela de hogar, del hogar de unas hermanas que cada verano vuelven a la granja en la que viven sus padres para pasar junto a ellos un par de semanas y estando allí no pueden evitar recordar cómo fue su vida desde niñas.

La novela está dividida en seis capítulos. El primero de ellos se titula FAMILIA y está narrado en primera persona por Mary Jo, la más pequeña de las hermanas (cerca de los 30 años) que se encarga de situarnos geográfica y temporalmente en la historia y donde nos presenta a su familia. Nos encontramos en una granja en Misuri y faltan un par de días para que todas las hermanas vuelvan a sus casas después de esas vacaciones. A partir de este primer capítulo nos encontramos con otros cinco, dedicados a cada uno de los miembros de su familia, narrados en tercera persona y donde conoceremos su carácter y personalidad en profundidad. Cada uno de estos capítulos logra transmitir exactamente el modo de ser tan diferente de cada personaje:
Jessica, la hermana mayor, una chica responsable pero con ideas propias, una mujer alegre.
Matthew, el padre de todas ellas, un profesor que siempre les ha exigido más, precisamente porque eran sus hijas, y que el tiempo ha conseguido suavizar. Descubriremos que se guarda para él algunas cosas.
Mathy, la hermana pequeña, la más revoltosa y la única que está ausente en esas reuniones de verano.
Leonie, la hermana ejemplar, la hija ideal, la que cree que tiene tiempo para todo y acaba haciendo las cosas contrarreloj.
Callie, la madre, una mujer de su casa. No sabe leer, aunque lo disimula. En muchos de sus diálogos aparecen en cursiva los errores que comete, sobre todo en los tiempos verbales, pero es una magnífica ama de casa. Creo que podía oler sus tarros de frutas desde el otro lado del libro. Estaba deseando leer el capítulo sobre ella, para saber si realmente no conocía los secretos de su marido.

Tanto Matthew como Callie son personas muy religiosas y puritanas que han educado a sus hijas en un ambiente en que casi todo es un “pecado”, lo que las frena y angustia a la hora de hacer lo que realmente desean para ser felices, pero al final, aunque intentan respetar el modo de ser de sus padres, prevalecerán sus decisiones. Las reuniones anuales, parecen obedecer a un deseo paterno, pero lo cierto es que el libro transmite la felicidad que alcanzan todas las hermanas cuando pasan juntos esos días al año, aunque las mayores anden cerca de cumplir los 50 años y en ocasiones les dé pereza acudir.

... ¿Qué iba a hacer cuando esos días se terminaran? No nos quedaban muchos, pues estábamos haciéndonos mayores. ¿Y cómo aprendería a vivir sin mi familia? Yo, que los necesitaba tan poco, que podía estar lejos todo el año, ¿qué haría sin ellos?...

Leía esta historia y pensaba en prados verdes, en noches cálidas rodeados de flores, en abejas y en la novela “Mujercitas”, lo cierto es que estas chicas podrían haber sido unas buenas vecinas si no fuera porque las novelas están escritas con 100 años de diferencia.
Decía Isi en su reseña que le apetecía pasar una temporadita en casa de Callie, a mí me apetecía ver de cerca esos paisajes que describe y sentarme con ellos para ver cómo se abren al anochecer las damas de noche.

Francamente para ser la única novela de la escritora hay que decir que le salió redonda, En fin, un libro bien escrito, una historia llena de las historias de una familia, que se lee con facilidad, con un lenguaje ameno y que es difícil que no guste.