Sinopsis:
Tras vender su fábrica de jabón en Beirut, el matrimonio Pelletier se instala en la apacible campiña francesa, donde recibe la visita regular de sus tres hijos y sus numerosos nietos.
Corre el año 1959 y la vida parece sonreír a los Pelletier, pese a que el sombrío panorama político nacional e internacional no invita al optimismo. Pero todo cambia cuando, en plena Guerra Fría y con el comunismo en horas altas, uno de sus hijos debe dirigir una peligrosa misión en Praga, detrás del Telón de Acero, de la que no sabe si va a poder salir indemne o ni siquiera vivo... Atrapado en una ciudad donde reinan la policía, el ejército, los delatores y los informadores, deberá superar una prueba a la que se ha comprometido en nombre de un valor moral que considera superior.
Esta aventura afectará profundamente a la familia y pondrá a prueba el vínculo afectivo y la solidez de los lazos de todos sus miembros.
Tercera entrega de la saga familiar sobre el clan Pelletier, Un futuro prometedor es un auténtico homenaje a la novela de acción con la amenaza nuclear como telón de fondo. En ella, Pierre Lemaitre nos ofrece, una vez más, un retrato exultante de una época tan turbulenta como fascinante.
Un futuro prometedor es la tercera entrega de la tetralogía “Los años gloriosos” y en su conjunto me ha parecido, como todas hasta ahora, una lectura muy entretenida y disfrutable, aunque para mí se queda un peldaño por debajo de las anteriores ya que una parte de la novela transcurre en aguas que no me atraen especialmente.
Volvemos a encontrarnos con la familia Pelletier, que poco a poco se va ampliando, en un momento en el que sus vidas parecen más asentadas, con todo ese entramado familiar que tanto caracteriza a esta serie. Lemaitre sigue manejando maravillosamente bien a sus personajes, dándoles voz propia y es francamente hábil complicándoles la vida de formas insospechadas. La trama de Colette (la nieta mayor) que se ve envuelta en una situación tremendamente dura me ha puesto los pelos de punta, pero me ha mantenido pegada al libro esperando saber cómo iba a evolucionar este personaje en el entorno familiar tan peculiar que le tocó nacer.
La novela se sitúa en plena Guerra Fría, y es ahí donde entra una de las tramas principales: una misión en Europa del Este que introduce de lleno el componente de espionaje y que es la que a mí se me ha atravesado un poco. No me atraen las historias de espías ¡qué le vamos a hacer! y aunque reconozco que en esta parte de la novela planea cierta tensión y suspense político y que en su parte final sí me mantuvo en vilo, llegar hasta ahí se me hizo un pelín cuesta arriba. Lo que tenía claro desde el principio es que al Pelletier implicado en esta trama las cosas se le acabarían torciendo. Ya lo decía Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal. En todo caso, la habilidad de Lemaitre para alternar esta trama con los momentos más cotidianos del resto de los Pelletier, ayudan a agilizar la lectura y entender a todos estos personajes (o a casi todos).
Si algo sigue siendo destacable en este autor es su capacidad para crear figuras muy humanas, con sus contradicciones, sus luces y sombras. No todos caen bien, ni falta que hace, aquí habría que darle una medalla especial a Geneviève, la cuñada. Es de esos personajes que logran sacarte de quicio; su crueldad y su forma de dominar a su marido son desesperantes, pero hay que reconocer que Lemaitre escribe tan bien que hasta a los personajes más odiosos los hace interesantes y consigue que quieras seguir leyendo para ver hasta dónde llegan.
En definitiva, una tercera parte con mucha acción y un retrato social impecable de finales de los 50 que te deja con ganas de continuar, aunque en mi caso no haya conectado tanto con uno de sus ejes principales. Si te gusta la saga, es una lectura obligatoria. ¡Deseando ver cómo cierra la historia en la próxima entrega!
La inteligencia —dicho de otro modo, el espionaje— es un patio en el que se hacen y se deshacen, se mezclan y se cruzan alianzas de todo tipo según las necesidades del Servicio, los conflictos territoriales, los intereses personales, los motivos superiores y el narcisismo de cada cual. La suma de todo ello coincide hasta cierto punto con la razón de Estado.
Con contadas excepciones, un hombre en posesión de un arma siempre acaba utilizándola.
Se empieza por aceptar cosas que no se desean y se acaban aceptando cosas que no se aprueban. Tienes razón en no querer traicionar tus principios.
Le soltó a su madre una bofetada de campeonato, un tortazo antológico, sonoro, estrepitoso, magistral, un guantazo mayúsculo, de los que marcan de por vida.

Me encanta Lemaitre, espero leer esta novela pronto. Abrazos
ResponderEliminarYo espero leer pronto la cuarta y última, si no estoy equivocada, de esta saga. Vale mucho la pena. 🤗
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